POR ROBERTO MICHELSEN ENNGELL

Amo las coincidencias y también los eventos afortunados que de pronto se suman en un momento específico. Esta es la corta historia de la Lámpara OHA.

Tenía varios días trabajando en una pequeña maqueta casera de alambres y papel que buscaba devenir una lámpara de piso autoportante, como la lámpara Árco  (1962) de los hermanos Achille y Pier Giácomo Castiglioni. Tenía mucho del mundo vegetal y mucho del mundo del reciclaje.

El arco eran dos alambres de cobre atados en los extremos de tal suerte que permitían suspender una pantalla ligera de cartón blanco, un simple círculo doblado en dos por su mitad. Esta pequeña proeza de equilibrio requería de un contrapeso bastante robusto que lo soportara todo y llevara el peso al suelo. Sebastián Gnaedig, trabajando en sus macetas de concreto TOKA me ayudó colando con lo que le sobró de algún molde una veladora vacía de vidrio que resultó en la base de la maqueta.

Todo esto sucedía al mismo tiempo que con Sebastián trabajáramos el proyecto de interiorismo para OHA, proyecto riquísimo de tés e infusiones de nuestra amiga Regina Rivero Borrell en uno de los espacios disponibles de La Laguna. Un pequeño local de 25m2 que se bañaba por luz cálida del sur durante todo el día a través de su ventanal icónico, pero que por la noche presentaba el escenario ideal para una propuesta de iluminación artificial. Prácticamente todo el proyecto de OHA se armó con sobrantes de demoliciones de la misma fábrica textil en transformación. Fierritos y mallas armaron repisas y mesas se fabricaron con perfiles tubulares de antiguas estructuras en desuso. 

Este mismo principio de reconvertir materiales podría aplicar para resolver cómo iluminar la mesa central del taller de té. Y estando en esos retozos mentales regresó la maqueta a mi mente y todo tuvo sentido. Una lámpara que parecía hoja, ligera y escultórica, podría aterrizar en una esquina y lanzarse en el aire para repartir luz suavecita en un lugar destinado a saborear y experimentar con las extracciones de hojas del mundo. El día siguiente le presenté la maqueta a Regina y articulamos las ideas para arrancar el proceso de fabricación. Ahora la maqueta servía para hacer una segunda prueba diez veces el formato original.

El alambre se volvió varilla de 1”, la base se coló con una maceta de barro dejando pasos de libres para cablear y un atravesamiento de lado a lado que al igual que en la obra maestra de los Castiglioni facilita mover el bloque con mayor comodidad. Se aligeró el colado con trozos de unicel que finalmente se sopletearon dejando algunas oquedades, sorpresas inesperadas del proceso pero que sumaron al lenguaje vegetal. La pantalla, salió de una hoja de lámina galvanizada que aporta máximo brillo y suma poco peso al esfuerzo del arco. Dos focos tubulares de fijaron a un tubo metálico que conecta también varillas y pantalla. Todo es aparente, incluyendo cables y amarres con cintillos de plástico. La mano de los albañiles que participaron en la producción quedó expresada y su ingenio creativo se sumó en el prototipo que fue a su vez la pieza final.

La lámpara OHA se liga un sin fin de pequeños detalles de la colección de Regina, objetos tangibles como libros, tazas y cerámicas, e intangibles pero inolvidables olores y sabores te reciben al entrar a su taller.