POR PAOLA TOVAR

Pareciera que mucho ha cambiado, la ciudad se siente diferente, la ausencia de la movilidad urbana pareciera quitarle la condición de ciudad, el tiempo se aprovecha mejor. Y, sin embargo, las cosas también se han mantenido igual. El espacio público comienza con la calle, es la parte más visible y predominante de lo urbano, no se ha construido más espacio público, no obstante, en los últimos días al estar vacío pareciera que ha aumentado. La Ciudad de México tiene en promedio 5.3 m² de espacio público por habitante, contra los 9m² mínimo recomendados por la OMS.

El espacio público, por muchos autores definido como un espacio en pugna, ahora es más valorado que nunca. Mis sentidos, como seguramente el de muchos, se activan al recordar mi camino al trabajo, un recorrido lleno de color, sonidos y emociones. Con una dosis de nostalgia y cumpliendo con las reglas de distanciamiento social todos queremos volver a disfrutar de aquel espacio dónde suceden actividades económicas, nos encontramos, reconocemos al otro y compartimos ideas:  la vida pública.

Conscientes que con pensamiento y crítica también se construye ciudad y gracias al apoyo de Reurbano desarrollamos un ejercicio que reflexiona sobre las actividades formales e informales que suceden en la calle. Street Systems intenta identificar qué intervenciones afectan y dan forma a un sitio específico dentro de la Colonia Juárez. Separado de su función principal, el paso de autos, la calle aquí ha tomado una nueva forma de domesticidad. La intersección entre las calles de Roma y Milán dejan registro sobre temas de inmigración, adaptación y multiculturalidad urbana teniendo como resultados distintas acciones de inclusión o exclusión para quiénes lo habitan. Uno de mis ejercicios favoritos ¡pintar la calle! El arte como la manera más sencilla de hacer comunidad, transformamos un par de cajones de estacionamiento en una colorida instalación de arte.

Este tiempo inusual ha impuesto restricciones para todos nosotros. Adaptarnos a estas restricciones también nos ayuda a cuestionar qué funciona y qué no funcionaba antes. A veces temo que lleguemos a normalizar connotaciones negativas resultado de nuevos hábitos, como acostumbrarse a tener una piedrita en el zapato.  Debemos recordar que las ciudades no se detienen en el tiempo, y debemos aprovechar las oportunidades y posibles colaboraciones entre distintas escalas y disciplinas. Que las circunstancias empujen nuestros pensamientos hacia una continua reflexión y transformación sostenible de nuestros espacios y vida pública.